Un sensor infrarrojo detecta la radiación infrarroja. Esta radiación es calor o luz justo por debajo del espectro visible. Los sensores pasivos miden la temperatura sin emitir nada. Los sensores activos emiten luz infrarroja y miden su reflejo, lo que les indica si hay un objeto cerca.
Los sensores infrarrojos activos son económicos y comunes en robótica. Un par de LED infrarrojos y fotodiodos se ubican detrás de una pequeña ventana. El LED emite pulsos. Si un objeto está cerca, parte de la luz rebota hacia el fotodiodo. El sensor emite un voltaje que indica la proximidad. Funciona en la oscuridad y no se ve afectado por el color, aunque las superficies negras absorben la radiación infrarroja y reducen su alcance.
El sensor infrarrojo utiliza
- Detección de obstáculos en robots móviles.
- Seguimiento de línea en vehículos guiados automáticamente (AGV) de almacén.
- Detección de movimiento en sistemas de seguridad.
- Medición de temperatura sin contacto.
- Mandos a distancia e interruptores de proximidad.
Las limitaciones son importantes. La luz solar contiene infrarrojos y puede cegar el sensor. El alcance es corto, generalmente de unos pocos centímetros a unos pocos metros. Los materiales blandos u oscuros reflejan mal la luz. Por eso, los sensores infrarrojos suelen combinarse con sensores ultrasónicos o lidar para una navegación fiable. Para tareas sencillas como detectar una pared o seguir una línea en el suelo, un sensor infrarrojo es difícil de superar en cuanto a coste. Con unos pocos céntimos se obtiene una lectura de proximidad fiable, y eso suele ser todo lo que necesita un robot.
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