El riesgo sistémico es el riesgo de que la quiebra de una institución o mercado desestabilice todo el sistema financiero. Es la diferencia entre la quiebra de un banco y la quiebra del sistema bancario. La quiebra de un banco pequeño resulta perjudicial para sus clientes. La quiebra de un banco grande puede congelar el crédito, provocar pánicos bancarios en otros bancos y causar una recesión. La crisis de 2008 fue un evento sistémico. Lehman Brothers quebró y la onda expansiva estuvo a punto de colapsar el sistema financiero global.
El riesgo sistémico proviene de diversas fuentes. El tamaño importa. Un banco demasiado grande para quebrar representa un riesgo sistémico, ya que su quiebra se propagaría por todo el sistema. La interconexión importa. Si los bancos se prestan dinero y comercian entre sí, la quiebra de uno puede transmitir pérdidas a los demás. Las exposiciones comunes importan. Si muchos bancos poseen los mismos activos, una caída de precios puede afectarlos a todos simultáneamente. La opacidad importa. Si nadie sabe quién asume las pérdidas, la confianza se desploma.
Los reguladores intentan contener el riesgo sistémico. Designan a las instituciones financieras de importancia sistémica y las someten a requisitos más estrictos de capital, liquidez y resolución. Realizan pruebas de estrés para garantizar que los bancos puedan sobrevivir a crisis graves. Exigen planes de reestructuración que describan cómo se liquidaría un banco sin un rescate. Supervisan la banca en la sombra, donde el riesgo puede migrar fuera del perímetro regulado.
El riesgo sistémico no se puede eliminar, pero sí reducir. La cuestión es si las normas son lo suficientemente estrictas y si los reguladores actúan con la suficiente rapidez cuando surgen problemas.
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