Los fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros se clasifican como microplásticos. Llegan al océano ya pequeños, como microesferas o fibras sintéticas, o se forman por la descomposición de desechos plásticos más grandes debido a la luz solar, las olas y la abrasión mecánica.
Actualmente, se encuentran microplásticos en todo tipo de aguas, desde las superficiales hasta los sedimentos de las profundidades marinas, en el hielo ártico y en el interior de organismos que van desde el plancton hasta las ballenas. Pueden ser ingeridos, transfiriendo potencialmente aditivos químicos o contaminantes adsorbidos, y pueden obstruir físicamente el tracto digestivo. Aún se están cuantificando las consecuencias ecológicas y para la salud humana.
El muestreo requiere redes especializadas, filtros y un control riguroso de la contaminación. La identificación del tipo de polímero suele requerir métodos espectroscópicos. La reducción de la contaminación por microplásticos implica evitar que los plásticos de mayor tamaño lleguen al medio ambiente, rediseñar productos que desprendan fibras o microesferas y mejorar el tratamiento de aguas residuales. Debido a la amplia dispersión de las partículas, la limpieza de los microplásticos existentes a una escala significativa resulta inviable.
- Partículas de plástico de tamaño inferior a 5 mm
- A partir de fuentes primarias o de la descomposición de escombros más grandes.
- Ampliamente presente en el agua, los sedimentos y los organismos.
- Difícil de eliminar una vez dispersado.
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