El refuerzo negativo fortalece una conducta al eliminar o evitar un estímulo aversivo después de que esta se haya producido. La conducta aumenta porque conduce a la huida o evitación de algo desagradable.
Abrocharse el cinturón de seguridad para silenciar la alarma del coche es un refuerzo negativo; la acción de abrocharse se ve reforzada por la eliminación del sonido molesto. Tomar una aspirina para aliviar el dolor de cabeza funciona de la misma manera. En el laboratorio, un animal aprende a presionar una palanca para desactivar una descarga eléctrica. La clave reside en que se elimina algo indeseable, y la respuesta que produce dicha eliminación se vuelve más probable.
El refuerzo negativo suele confundirse con el castigo. El castigo disminuye una conducta añadiendo una consecuencia aversiva o eliminando una positiva. El refuerzo negativo aumenta una conducta eliminando una condición aversiva. Esta distinción es fundamental para comprender por qué persisten ciertos hábitos y para diseñar programas eficaces de modificación de la conducta.
Cuando una acción logra deshacer de forma fiable algo desagradable, esa acción está siendo reforzada negativamente.
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