El umbral absoluto es el nivel más débil de un estímulo que una persona puede detectar la mitad de las veces. Por debajo de ese nivel, el estímulo generalmente pasa desapercibido; por encima, la detección se vuelve fiable. Este concepto proviene de la psicofísica del siglo XIX y sigue siendo una medida básica de la sensibilidad sensorial.
Los umbrales varían según los sentidos y las personas. La llama de una vela en una noche despejada se puede ver a cincuenta kilómetros de distancia en condiciones ideales; el tictac de un reloj se puede oír a seis metros en una habitación silenciosa. Los umbrales del gusto y el olfato varían según la sustancia química y el estado del observador. La edad, la fatiga, la atención y las expectativas modifican el valor medido. Las pruebas modernas suelen utilizar métodos de detección de señales que distinguen la sensibilidad real de la disposición del observador a decir «sí».
El criterio del 50 por ciento es convencional. Reconoce que la detección es probabilística, no una cuestión de todo o nada. Un estímulo en el umbral no es invisible ni inaudible la mitad del tiempo en un sentido simple; más bien, la respuesta interna que produce a veces es lo suficientemente fuerte como para superar el criterio de decisión y otras veces no.
Conocer el umbral absoluto ayuda a los ingenieros a diseñar pantallas y alarmas, y proporciona a los psicólogos un punto de partida cuantitativo para estudiar cómo la sensación se convierte en percepción.
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