Los Estados gestionan sus relaciones mediante la negociación, la representación y la comunicación. Esta actividad se denomina diplomacia. Los diplomáticos profesionales trabajan en las embajadas, mantienen conversaciones e informan sobre los acontecimientos internacionales.
La diplomacia puede ser bilateral o multilateral, pública o confidencial. Su objetivo es promover los intereses nacionales sin recurrir a la fuerza, si bien la posibilidad real de usarla suele influir en las negociaciones. Entre sus productos se encuentran los tratados, las declaraciones conjuntas y los acuerdos informales. Las cumbres entre líderes complementan la labor continua de los servicios profesionales.
Una diplomacia eficaz requiere información precisa, sensibilidad cultural y la capacidad de identificar intereses comunes. Los fracasos diplomáticos pueden preceder a un conflicto; los éxitos pueden resolver disputas y forjar una cooperación duradera. En un mundo interconectado, el volumen de actividad diplomática se ha ampliado para incluir cuestiones climáticas, comerciales, sanitarias y tecnológicas, además de las preocupaciones tradicionales de seguridad.
Un diplomático hábil suele conseguir resultados que ninguna cantidad de coerción podría obtener a un coste tan bajo.
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