El poder se convierte en autoridad cuando la gente lo acepta como legítimo. La autoridad es la capacidad reconocida para tomar decisiones vinculantes y emitir órdenes que otros se sienten obligados a obedecer.
Max Weber distinguió entre formas de autoridad tradicionales, carismáticas y jurídico-racionales. Los estados modernos se basan en gran medida en la autoridad jurídico-racional: quienes ocupan cargos públicos derivan su derecho a mandar de normas y procedimientos, más que del prestigio personal o la condición heredada. Las elecciones, las constituciones y las normas profesionales contribuyen a esta legitimidad.
La autoridad puede debilitarse cuando los funcionarios públicos parecen corruptos, incompetentes o indiferentes. También puede ser cuestionada por rivales, movimientos sociales o actores externos. Una gobernanza eficaz requiere más que poder puro; necesita que los gobernados sientan firmemente que las normas y los gobernantes tienen derecho a su cumplimiento.
- Poder legítimo para decidir y ordenar
- Aceptado como legítimo por aquellos sujetos a él.
- Puede basarse en la tradición, el carisma o las normas legales.
- Se debilita cuando se pierde la legitimidad.
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