Entras en la cocina y encuentras el tarro de galletas en el suelo, sin tapa, y migas en las baldosas. No deduces lo que pasó a partir de principios generales, ni puedes inferirlo a partir de observaciones repetidas. Adivinas. La mejor explicación es que alguien lo tiró. Esa suposición es una abducción, la forma de razonamiento que genera hipótesis para explicar hechos sorprendentes.
Charles Sanders Peirce introdujo el término a finales del siglo XIX, distinguiéndolo de la deducción y la inducción. La deducción extrae conclusiones necesarias de las premisas. La inducción generaliza a partir de casos. La abducción propone una causa probable. Un médico que diagnostica fiebre, un detective que examina la escena de un crimen, un científico que detecta una anomalía en los datos: todos razonan abductivamente. La conclusión no está garantizada. Es la explicación más plausible según la información disponible, y puede ser errónea.
Cómo funciona
- Comienza con una observación sorprendente. Algo no se ajusta a las expectativas.
- Generar explicaciones candidatas. Varias hipótesis pueden encajar.
- Evalúa la plausibilidad. Sopesa la simplicidad, la coherencia y el conocimiento previo.
- Prueba el mejor candidato. Trátalo como una hipótesis que debe ser verificada.
La abducción es el motor del descubrimiento, pero no es una prueba. Peirce la denominó la única forma de razonamiento que introduce nuevas ideas, y también la más falible.
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