Las células cancerosas se dividen rápidamente. Los fármacos de quimioterapia actúan contra esa velocidad, interfiriendo con la replicación del ADN o la división celular. El problema es que algunas células sanas también se dividen rápidamente: los folículos pilosos, el revestimiento intestinal y las células sanguíneas de la médula ósea. Esta coincidencia explica la mayoría de los efectos secundarios, desde la caída del cabello hasta las náuseas y la disminución del recuento sanguíneo.
Los fármacos se clasifican en varias categorías. Los agentes alquilantes, como la ciclofosfamida, dañan directamente el ADN. Los antimetabolitos, como el metotrexato, imitan los componentes básicos e interrumpen la síntesis. Los inhibidores de la topoisomerasa inhiben las enzimas que desenredan el ADN. Los taxanos estabilizan los microtúbulos y bloquean la división celular. La mayoría de los tratamientos combinan varios fármacos para atacar las células cancerosas en diferentes puntos y reducir la probabilidad de resistencia. Se administran en ciclos, con periodos de descanso para que el tejido sano se recupere.
Lo que experimentan los pacientes:
- Fatiga. La queja más común, que a menudo dura semanas.
- Náuseas. Los antieméticos modernos han hecho que esto sea mucho más manejable.
- Pérdida de cabello. Temporal, vuelve a crecer después de que finaliza el tratamiento.
- Riesgo de infección. Un recuento bajo de glóbulos blancos significa que la fiebre necesita atención inmediata.
Las terapias dirigidas y la inmunoterapia han cambiado el tratamiento del cáncer, pero la quimioterapia sigue siendo esencial para muchos tipos de cáncer, especialmente cuando se utiliza antes o después de la cirugía.
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