La pesquería comprende tanto la actividad de captura de peces o mariscos como la población o el área donde se pesca. Puede ser de captura silvestre o de acuicultura, comercial o artesanal, y abarca especies que van desde anchoas hasta atunes y pepinos de mar.
La gestión sostenible requiere conocimiento del tamaño de las poblaciones, las tasas de reproducción y las interacciones del ecosistema, junto con regulaciones sobre artes de pesca, temporadas y límites de captura. Muchas pesquerías han sufrido sobreexplotación, lo que ha provocado el agotamiento de las poblaciones y la alteración de las redes tróficas. Otras se han recuperado gracias a una gestión basada en la ciencia y a sistemas de asignación basados en derechos.
La pesca proporciona una parte importante de la proteína animal mundial y sustenta el sustento de decenas de millones de personas. Sin embargo, también genera capturas incidentales, daños al hábitat y conflictos por el acceso a los recursos pesqueros. Los sistemas de certificación, el monitoreo satelital y una mayor cooperación internacional buscan reducir la pesca ilegal y premiar las prácticas sostenibles. El futuro de la pesca depende de alinear los incentivos económicos con los límites ecológicos.
Una pesquería bien gestionada puede proporcionar alimentos e ingresos de forma indefinida; una mal gestionada puede colapsar en el plazo de una generación.
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