Muy por debajo de la capa superficial impulsada por el viento, densas masas de agua se deslizan por las cuencas oceánicas a velocidades de apenas unos centímetros por segundo. Estas corrientes profundas se originan por diferencias de temperatura y salinidad que crean gradientes de densidad. El agua fría y salada que se forma en las regiones polares se hunde y se extiende hacia el ecuador, formando la rama inferior de la circulación de vuelco global.
Las corrientes profundas transportan calor, carbono, oxígeno y nutrientes a lo largo de miles de kilómetros y en escalas de tiempo de siglos. Son difíciles de observar directamente; la mayor parte del conocimiento proviene de las propiedades de las masas de agua, los fondeos profundos y las trayectorias de boyas de flotabilidad neutra. Entre las principales rutas se encuentran las corrientes profundas de contorno occidental que bordean las pendientes continentales.
Los cambios en la tasa de formación de aguas densas, posiblemente vinculados al aporte de agua dulce proveniente del deshielo, podrían alterar la intensidad de las corrientes profundas y su influencia en el clima. El monitoreo de estos flujos lentos pero masivos sigue siendo una prioridad para comprender la variabilidad oceánica y climática a largo plazo.
- Flujo impulsado por la densidad en el océano profundo
- Parte de la circulación de vuelco global
- Transporta calor, carbono y oxígeno.
- Se mueve lentamente pero transporta un volumen enorme.
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