Un vehículo submarino autónomo (AUV, por sus siglas en inglés) explora el océano sin cables ni piloto. Cuenta con su propio sistema de alimentación, navegación y sensores. Se sumerge, realiza estudios y regresa a un punto preprogramado. Algunos AUV operan durante horas. Otros, como los planeadores, se desplazan a la deriva durante meses aprovechando pequeñas variaciones en la flotabilidad.
El océano es un entorno hostil para la robótica. Las ondas de radio no se propagan bien bajo el agua, por lo que el GPS no funciona bajo la superficie. Los vehículos submarinos autónomos (AUV) navegan por estima, mediante sensores inerciales y posicionamiento acústico. Se comunican con los buques de superficie solo cuando emergen o a través de módems acústicos. La corrosión, la presión y la bioincrustación reducen la vida útil de los equipos.
¿Qué hacen los vehículos submarinos autónomos (AUV)?
- Mapear el fondo marino con sonar.
- Inspeccionar oleoductos y gasoductos.
- Búsqueda de restos de aeronaves y aviones derribados.
- Medir la temperatura del agua, la salinidad y las corrientes.
- Realizar un seguimiento de la vida marina y controlar la pesca.
Los vehículos submarinos autónomos (AUV) han explorado bajo las plataformas de hielo en la Antártida, descendido a los restos del Titanic y ayudado a localizar las cajas negras de aviones estrellados. Son más económicos y seguros que los sumergibles tripulados para muchas tareas. La principal limitación reside en la duración de la batería y la toma de decisiones. Un AUV no puede pedir ayuda cuando algo falla; debe estar programado para gestionar los fallos por sí mismo. Esto hace que la ingeniería de fiabilidad sea tan importante como los sensores y el software.
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