La contaminación difusa proviene de todas partes y de ninguna en particular. El agua de lluvia y el deshielo arrastran fertilizantes, petróleo, pesticidas y sedimentos por campos, calles, jardines y obras de construcción. Esta mezcla desemboca en arroyos, lagos y aguas subterráneas sin pasar por tuberías ni plantas de tratamiento.
El término cobró fuerza en la década de 1970, cuando los reguladores se percataron de que controlar las tuberías de las fábricas y los vertidos de aguas residuales no era suficiente. Los ríos seguían degradados. La contaminación era difusa, transportada por la escorrentía de millones de pequeñas fuentes. La agricultura es el principal contribuyente en muchas cuencas hidrográficas, seguida de la escorrentía urbana y la deposición atmosférica.
Fuentes y soluciones comunes
- Fertilizantes y estiércol procedentes de campos agrícolas.
- Petróleo y productos químicos procedentes de aparcamientos y carreteras.
- Sedimentos procedentes de obras de construcción y zonas de tala.
- Productos químicos para el césped procedentes de barrios residenciales.
- Entre las soluciones se incluyen franjas de protección, jardines de lluvia, cultivos de cobertura y limpieza de calles.
La contaminación difusa es difícil de regular porque no existe una única chimenea que pueda ser la causante. La Ley de Agua Limpia se centra en las fuentes puntuales, dejando la contaminación difusa en manos de programas estatales y locales. Las prácticas voluntarias, los programas de financiación compartida y las campañas educativas realizan gran parte del trabajo. El desafío radica en la magnitud. Millones de pequeñas decisiones —qué plantar, dónde estacionar, cuándo fertilizar— influyen en la calidad del agua de toda una región. Es un problema al que todos contribuimos y que todos podemos ayudar a resolver.
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