El remachado une placas metálicas con pasadores metálicos permanentes llamados remaches. Un remache es un vástago cilíndrico con una cabeza que se inserta a través de orificios en las placas. El extremo posterior se deforma para crear una segunda cabeza. El remache sujeta firmemente las placas y no se puede quitar sin destruirlo. El remachado fue el método estándar para unir acero en los siglos XIX y XX. Se utilizó para construir barcos, puentes y rascacielos. Si bien ha sido reemplazado en gran medida por la soldadura y el atornillado, todavía se emplea en la industria aeronáutica y en algunas aplicaciones estructurales.
El remachado es un oficio especializado. El remachador calienta el remache, lo inserta y golpea el extremo con un martillo neumático. El trabajo es ruidoso, caluroso y físicamente exigente. El remache debe ser del tamaño y material adecuados. Los orificios deben estar alineados y tener el diámetro correcto. El remache debe llenar el orificio por completo. Un remache suelto puede fallar. Un remache agrietado puede propagar la grieta. La calidad del remachado determina la resistencia de la unión. En la industria aeronáutica, el remachado sigue siendo el método principal. Se utilizan remaches de aluminio porque este material no se puede soldar fácilmente. Los remaches se inspeccionan mediante ultrasonidos y rayos X.
El remachado tiene ventajas. Es resistente, fiable y permanente. No requiere electricidad. Se puede realizar en obra. Permite unir metales diferentes. No deforma las placas tanto como la soldadura. Sin embargo, también tiene desventajas. Requiere mucha mano de obra. Requiere acceso a ambos lados de la unión. No se puede desmontar fácilmente. Los orificios de los remaches debilitan las placas. Los remaches añaden peso. El remachado es una técnica tradicional. Sigue siendo relevante. Nos recuerda que no todo necesita soldarse.
Comments
No comments yet. Be the first to share a thought.
Leave a comment