La iluminación lo moldea todo en una película. Determina lo que el público ve y cómo se siente al respecto. Un rostro iluminado desde abajo luce siniestro. Un rostro iluminado desde arriba luce angelical. Una habitación iluminada con luz cálida de tungsteno transmite una sensación acogedora. Una habitación iluminada con luz fría fluorescente transmite una sensación aséptica. La iluminación no se trata solo de visibilidad. Se trata de ambiente, tono y significado. Es una de las herramientas más poderosas del cine.
La iluminación posee diversas propiedades. La intensidad determina el brillo de la luz. El color determina su calidez o frialdad. La dirección determina dónde caen las sombras. La calidad determina si la luz es dura o suave. La luz dura crea sombras nítidas y definidas. La luz suave crea sombras graduales y difusas. La elección de cada propiedad afecta la imagen. Un director de fotografía combina varias luces para crear una apariencia controlada y tridimensional. La configuración de tres puntos, con luz principal, luz de relleno y contraluz, es un punto de partida estándar. Pero los grandes directores de fotografía van mucho más allá.
La iluminación también tiene una dimensión práctica. Debe ser consistente en todas las tomas y estar justificada por la escena. Si se ve una lámpara en el encuadre, la luz que emite debe coincidir con su posición y color. Si la escena transcurre de noche, la iluminación debe reflejar la noche, incluso si se filmó de día. El oficio es técnico y creativo. Requiere comprender la física y tener buen ojo para la composición. La mejor iluminación es invisible; el público simplemente percibe la atmósfera.
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