Si cavas un hoyo profundo en un campo, verás franjas de color y textura superpuestas. Cada franja es un horizonte del suelo, una capa que se formó a lo largo de los siglos gracias a la acción gradual del clima, las raíces, las lombrices y el agua.
Los edafólogos los clasifican con letras. La O representa la hojarasca superficial de hojas y tallos. La A es la capa superficial del suelo, oscura por la materia orgánica y repleta de microbios. La E es una capa pálida lixiviada. La B es el subsuelo, enriquecido con arcilla y hierro arrastrados desde arriba. La C es el material parental erosionado y la R es la roca madre sólida.
Por qué importa la secuencia
- La profundidad de las raíces depende del grosor de los horizontes A y B.
- El drenaje viene determinado por la textura y la estructura de cada capa.
- El suministro de nutrientes proviene principalmente del horizonte A.
- La erosión elimina primero la capa A, y se necesitan décadas para reconstruirla.
Los estudios de suelos cartografían los horizontes en regiones enteras. Para un agricultor, la pregunta práctica es sencilla: ¿hasta qué profundidad llega el suelo fértil y qué sucede cuando una capa compacta o arcillosa impide que las raíces crezcan más?
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