El abono verde es un cultivo que se siembra para enriquecer el suelo, no para el consumo. Los agricultores lo siembran, lo dejan crecer y luego lo incorporan al suelo cuando aún está verde. El trébol, la veza, el centeno, el trigo sarraceno y la mostaza son algunas opciones comunes.
La idea es antigua. Los escritores romanos Catón y Columela recomendaban arar y sembrar altramuces y habas para enriquecer tierras pobres. Las leguminosas cumplen una doble función: sus raíces albergan bacterias que extraen nitrógeno del aire y lo transforman en una forma que las plantas pueden utilizar. Las plantas no leguminosas aportan materia orgánica, sofocan las malas hierbas y aprovechan los nutrientes sobrantes antes de que se filtren.
Por qué lo usan los agricultores
- Aporta nitrógeno sin fertilizantes sintéticos.
- Mejora la estructura del suelo y la infiltración del agua.
- Suprime las malas hierbas y algunas plagas.
- Alimenta a las abejas y a los insectos beneficiosos mientras está en floración.
El momento oportuno lo es todo. Si se ara demasiado tarde, germinará y se convertirá en maleza. Si se ara demasiado pronto, se pierde la biomasa. Bien aplicado, el abono verde es una de las formas más económicas de mejorar la salud del suelo.
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