Los robots agrícolas se encargan de las tareas agrícolas repetitivas, laboriosas o que requieren atención continua. Siembran semillas, arrancan malas hierbas, rocían pesticidas con precisión y cosechan la fruta. El operador no siempre es una persona. A veces es un tractor guiado por GPS. Otras veces es un pequeño robot terrestre que se desplaza entre las hileras.
El principal motivo de su adopción es la escasez de mano de obra. Las explotaciones agrícolas tienen dificultades para encontrar trabajadores para la siembra, el aclareo y la cosecha. Los robots cubren esta necesidad, aunque no son baratos. Un sistema de ordeño robótico puede costar cientos de miles de dólares, pero permite a los ganaderos ordeñar más vacas con menos mano de obra. Los tractores y cosechadoras autónomos reducen la fatiga del operario y mejoran la precisión en grandes extensiones de terreno.
¿Qué hacen los robots agrícolas?
- Siembra de semillas con precisión GPS a nivel centimétrico.
- Deshierbe con cámaras y pulverizadores de precisión.
- Cosechar frutas delicadas como fresas y manzanas.
- Monitorización del estado de los cultivos mediante drones y sensores terrestres.
- Ordeñar vacas y alimentar al ganado automáticamente.
Los problemas más complejos se presentan en entornos no estructurados. Un robot de fábrica trabaja en una celda fija. Un robot agrícola trabaja en barro, polvo, viento y con luz variable. Los cultivos varían en tamaño y forma. Las malas hierbas se parecen a los cultivos. Por eso, la robótica agrícola avanza más lentamente que la automatización de almacenes. Pero su potencial es enorme: menor uso de productos químicos, mayores rendimientos y una producción de alimentos que no depende de un suministro ilimitado de mano de obra estacional.
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