Las personas valoran más un producto tras ver su precio elevado, incluso cuando la calidad es idéntica. Los sesgos cognitivos son desviaciones sistemáticas de las normas lógicas o estadísticas que se repiten en diferentes individuos y situaciones.
El sesgo de confirmación nos lleva a favorecer la información que respalda nuestras creencias preexistentes. El sesgo de disponibilidad hace que los eventos recientes o vívidos parezcan más probables. El anclaje dirige los juicios hacia un punto de partida arbitrario. Estos patrones surgen porque la mente recurre a atajos que suelen funcionar bien bajo presión de tiempo o con información limitada.
Los sesgos no son errores aleatorios; son predecibles. Los investigadores catalogan decenas de ellos y diseñan arquitecturas de decisión que los aprovechan o los contrarrestan. La mera conciencia rara vez elimina el sesgo, pero los procedimientos de decisión estructurados, las perspectivas diversas y la formación estadística pueden reducir su impacto. Los sesgos cognitivos nos recuerdan que los ideales racionales y el juicio humano real a menudo difieren.
Un sesgo que en su día facilitó la supervivencia ahora puede distorsionar las decisiones financieras, médicas y sociales.
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