El ostracismo es la exclusión social deliberada de un individuo o grupo. Ser ignorado, excluido o rechazado por los demás activa una respuesta psicológica intensa y a menudo dolorosa.
Estudios de laboratorio demuestran que incluso formas breves y mínimas de exclusión —como quedar fuera de un simple juego de lanzar la pelota— provocan malestar, baja autoestima y una menor sensación de pertenencia y control. Investigaciones mediante neuroimagen indican que esta experiencia activa algunas de las mismas regiones neuronales implicadas en el dolor físico. El ostracismo prolongado o repetido se relaciona con la depresión, la agresividad y el aislamiento.
Los seres humanos son muy sensibles a las señales de inclusión y exclusión, ya que el sentido de pertenencia ha sido fundamental para la supervivencia. El dolor del ostracismo puede motivar los esfuerzos por reconectar, pero también puede provocar reacciones defensivas o antisociales cuando la reconexión parece imposible. Las redes sociales y los entornos laborales crean nuevos contextos en los que el ostracismo puede manifestarse de forma sutil y persistente.
Sentirse excluido duele. Ese dolor es la huella psicológica del ostracismo.
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