La motivación intrínseca es el deseo de realizar una actividad por el simple placer de hacerla. La actividad es inherentemente interesante o satisfactoria; no se requiere ninguna recompensa externa para mantenerla.
Los niños jugando, los científicos investigando por curiosidad y los músicos practicando por el placer de la música misma demuestran motivación intrínseca. La teoría de la autodeterminación identifica la autonomía, la competencia y la relación como las necesidades psicológicas que sustentan la motivación intrínseca. Cuando estas necesidades se satisfacen, el compromiso es más profundo, la creatividad es mayor y la perseverancia es superior que cuando el comportamiento se rige únicamente por incentivos externos.
Las recompensas extrínsecas pueden mermar la motivación intrínseca cuando se perciben como controladoras. Un niño al que le encanta dibujar puede dibujar menos si se le ofrecen pegatinas como recompensa. Este efecto no es inevitable; las recompensas que afirman la competencia sin ejercer presión pueden coexistir con el interés intrínseco. Los entornos educativos y laborales que fomentan la autonomía tienden a promover una mayor motivación intrínseca que aquellos que dependen en gran medida de la vigilancia y las recompensas contingentes.
Cuando el acto de hacer algo es en sí mismo la razón de hacerlo, la motivación es intrínseca.
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