Epicuro fundó en Atenas una escuela llamada El Jardín. Admitía mujeres y esclavos, algo inusual en aquella época. El objetivo no era la indulgencia, sino la tranquilidad. Para Epicuro, el placer significaba la ausencia de dolor y perturbación, no la búsqueda del lujo. Una comida sencilla, buena compañía y la ausencia de miedo eran suficientes. El mayor placer era la ataraxia, un estado mental sereno, y la aponia, la ausencia de dolor físico.
El epicureísmo suele malinterpretarse como hedonismo. Epicuro advirtió contra los excesos, pues conducen al sufrimiento. Recomendó la moderación, la amistad y la filosofía como camino hacia una buena vida. Sobre la muerte, argumentó que no significa nada para nosotros: cuando existimos, la muerte no existe; cuando la muerte existe, nosotros no existimos. El miedo a la muerte es irracional y arruina la vida. También defendió una forma de atomismo, siguiendo a Demócrito, sosteniendo que el universo está compuesto de átomos y vacío. Los dioses, si existen, no intervienen en los asuntos humanos. Lucrecio, poeta romano, expuso la filosofía epicúrea en su obra Sobre la naturaleza de las cosas, que influyó en la ciencia moderna y el pensamiento secular.
Principios epicúreos
- Placer. La ausencia de dolor y molestia.
- Moderación. Evita los excesos, que traen dolor.
- Amistad. Una fuente primaria de felicidad.
- Muerte. Nada que temer, ya que no se experimenta.
El epicureísmo es una filosofía práctica. Se pregunta cómo vivir bien, no solo cómo pensar correctamente.
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