Las células cancerosas no son invasoras extrañas. Son células del propio cuerpo que han fallado, razón por la cual el sistema inmunitario suele ignorarlas. La inmunoterapia cambia esto. Entrena o activa el sistema inmunitario para que reconozca y ataque el cáncer, y en algunos pacientes produce remisiones que duran años. Este enfoque ha transformado el tratamiento del melanoma, el cáncer de pulmón y varios cánceres de la sangre.
Existen diversas estrategias. Los inhibidores de puntos de control bloquean proteínas como PD-1 y CTLA-4 que las células cancerosas utilizan para desactivar los ataques inmunitarios. La terapia CAR-T modifica genéticamente las células T del paciente para que reconozcan un marcador tumoral específico y luego las reintroduce en su organismo. Los anticuerpos monoclonales pueden marcar las células cancerosas para su destrucción o administrarles fármacos directamente. Las vacunas contra el cáncer exponen el sistema inmunitario a antígenos tumorales. Las citocinas como la interleucina-2 estimulan la actividad inmunitaria, pero provocan efectos secundarios graves. Cada enfoque tiene su propio perfil de beneficios y riesgos.
Lo que debes saber:
- No es universal. Las tasas de respuesta varían según el tipo de cáncer y el paciente.
- Respuestas duraderas. Algunos pacientes permanecen en remisión durante años.
- Efectos secundarios. Los eventos adversos relacionados con el sistema inmunitario pueden afectar el intestino, la piel, el hígado y los órganos endocrinos.
- Costo. Los tratamientos CAR-T y los inhibidores de puntos de control son caros.
La combinación de inmunoterapia con quimioterapia o radioterapia es un área de investigación activa. El objetivo es lograr que un mayor número de tumores respondan al tratamiento.
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