El agua de mar está en constante movimiento. Los flujos continuos a gran escala se denominan corrientes oceánicas. Estas corrientes son impulsadas por el viento, por las diferencias de temperatura y salinidad que crean gradientes de densidad, por las mareas y por la forma de las cuencas y la rotación de la Tierra.
Las corrientes superficiales, impulsadas principalmente por el viento, se organizan en giros oceánicos a escala de cuenca. Las corrientes profundas forman la circulación de vuelco lenta que ventila el interior del océano. Las corrientes de borde a lo largo de los lados occidentales de las cuencas son rápidas y estrechas; las corrientes de borde orientales son más lentas y anchas. Estas corrientes transportan calor hacia los polos, redistribuyen nutrientes y larvas, e influyen en las rutas de los barcos y en la trayectoria de las tormentas.
La medición de corrientes implica el uso de correntímetros, la deriva de boyas y boyas de superficie, la altimetría satelital y el movimiento de los buques. Los modelos simulan los sistemas de corrientes para la predicción y la proyección climática. Los cambios en la intensidad o la trayectoria de las corrientes pueden alterar los climas regionales y los ecosistemas marinos en escalas temporales que van desde interanuales hasta centenarias.
- Movimiento continuo y dirigido del agua de mar
- Impulsado por el viento, la densidad, las mareas y la rotación.
- Transporta calor, nutrientes y organismos.
- Organizado en giros y células que se invierten
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