Cualquier persona que pueda influir en las acciones de una organización o que se vea afectada por ellas es un grupo de interés. Este grupo incluye a accionistas, empleados, clientes, proveedores, organismos reguladores, comunidades locales y, en ocasiones, el medio ambiente o las generaciones futuras. La teoría de los grupos de interés sostiene que los directivos deberían considerar los intereses de este conjunto más amplio de personas, en lugar de centrarse únicamente en los accionistas.
Identificar a las partes interesadas y comprender sus intereses e influencia es un primer paso práctico en la estrategia y la gestión de proyectos. La participación abarca desde el simple intercambio de información hasta la colaboración profunda. Los conflictos entre los grupos de interés son comunes; equilibrarlos forma parte de la tarea de gestión.
En los últimos años, muchas empresas han reconocido formalmente a un conjunto más amplio de grupos de interés en sus declaraciones de propósito e informes. Este cambio refleja tanto consideraciones éticas como el reconocimiento de que el valor a largo plazo depende de relaciones sólidas con más personas que solo los propietarios del capital. Identificar y gestionar a los grupos de interés sigue siendo una habilidad fundamental en las organizaciones complejas.
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