La ironía es un contraste entre la expectativa y la realidad, o entre lo que se dice y lo que se quiere decir. Se nutre de la brecha entre la apariencia y la verdad.
La ironía verbal se produce cuando un hablante dice una cosa pero quiere decir otra, a menudo la opuesta. La ironía situacional se da cuando los acontecimientos resultan contrarios a lo previsto. La ironía dramática se produce cuando el público sabe lo que los personajes ignoran. Las tres formas dependen de una doble percepción: la superficial y la subyacente. La ironía puede ser cómica, amarga, sutil o trágica, según lo que esté en juego y el tono.
Detectar la ironía requiere sensibilidad contextual; una misma oración puede ser literal o irónica según la situación y la forma de expresarla. Los escritores señalan la ironía mediante el tono, la incongruencia, la exageración o la disposición de los acontecimientos. Una ironía demasiado obvia resulta forzada; una ironía bien manejada brinda al lector el placer de descubrir una verdad más compleja, más allá de la superficie.
Cuando el significado reside en la discrepancia en lugar de en la afirmación directa, la ironía está presente.
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