El conflicto es la lucha entre fuerzas opuestas que impulsa la historia. Sin él, la narración tiene pocos motivos para continuar.
La oposición puede ser externa —personaje contra personaje, contra la sociedad, contra la naturaleza o contra lo sobrenatural— o interna, una lucha dentro de la mente y los valores de un solo personaje. La mayoría de las historias combinan varias formas. El conflicto central genera la acción ascendente, alcanza su punto álgido en el clímax y encuentra algún tipo de resolución en la acción descendente y el desenlace. Los lectores se mantienen interesados porque desean saber cómo terminará la lucha.
El conflicto no es sinónimo de violencia o gritos. Una silenciosa lucha de voluntades, un dilema moral o una carrera contrarreloj pueden ser igualmente fascinantes. Lo importante es que haya algo en juego y que el resultado sea incierto. Los escritores que no establecen un conflicto claro suelen crear narrativas estáticas o divagantes.
El motor de la trama es el choque de deseos, valores o circunstancias opuestas.
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