Las primeras aplicaciones para iPhone tenían costuras de cuero, mesas de fieltro verde y estanterías de madera. Ese estilo es el esqueuomorfismo: diseñar interfaces digitales que imiten objetos y texturas del mundo real. La palabra proviene del griego skeuos, que significa recipiente o herramienta. Un esqueuomorfismo es un elemento decorativo que evoca el material original incluso cuando ya no es necesario. El sonido del obturador de la cámara de un teléfono es un esqueuomorfismo. También lo es un calendario digital con encuadernación en espiral.
El esqueuomorfismo dominó el diseño digital inicial porque ayudaba a los usuarios a comprender las nuevas herramientas por analogía. Una aplicación de cuaderno parecía un cuaderno. Una calculadora parecía una calculadora. A medida que los usuarios se familiarizaron con las pantallas táctiles, este estilo se fue desvaneciendo. El rediseño de iOS 7 de Apple en 2013 impulsó el diseño plano con texturas mínimas. Hoy en día, el esqueuomorfismo sobrevive en ámbitos específicos: interfaces de juegos, aplicaciones infantiles y productos nostálgicos.
Donde todavía funciona
- Juegos que necesitan metáforas físicas inmersivas.
- Aplicaciones para niños pequeños o usuarios principiantes.
- Productos nostálgicos o de estilo retro.
- Señales sonoras y hápticas que hacen referencia a objetos físicos.
El esqueuomorfismo no es intrínsecamente malo. Es una herramienta. Bien utilizado, reduce la curva de aprendizaje. Mal utilizado, llena la pantalla de texturas que ya no cumplen ninguna función.
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