Las partículas del suelo se adhieren entre sí. La forma en que se agrupan determina si el agua se absorbe o se escurre, si las raíces se abren paso con facilidad y si el suelo resiste el paso de la maquinaria. Esta disposición constituye la estructura del suelo, y es tan importante como su textura.
Una buena estructura se asemeja a migas o pequeños bloques con espacios porosos entre ellos. El agua y el aire circulan libremente, las raíces se extienden y el suelo resiste la compactación. Una mala estructura se asemeja a polvo, terrones enormes o una capa dura que las raíces no pueden penetrar.
¿Qué daña la estructura?
- El laboreo repetido rompe los agregados
- Maquinaria pesada compactando suelo húmedo
- Bajo contenido de materia orgánica que deja partículas sueltas
- Lluvias intensas azotan las superficies desnudas
La recuperación de la estructura del suelo lleva tiempo. La labranza reducida, los cultivos de cobertura y los abonos orgánicos reconstruyen gradualmente los agregados. Las lombrices ayudan removiendo la tierra y creando canales. La mejora es lenta, pero visible en pocas temporadas.
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