Haces clic en un enlace y esperas. La página tarda un segundo en cargarse. Ese retraso es la latencia: el tiempo que transcurre entre una instrucción y la respuesta. Se mide en milisegundos. Una latencia baja se siente instantánea. Una latencia alta se siente lenta. Para los videojuegos, las videollamadas y las operaciones financieras, la latencia importa más que el ancho de banda.
La latencia proviene de muchos factores. La distancia es uno de ellos. Los datos viajan a la velocidad de la luz en la fibra óptica, pero el mundo es inmenso. Un viaje de ida y vuelta entre Nueva York y Londres tarda al menos unos 60 milisegundos. El tiempo de procesamiento en enrutadores y servidores añade aún más latencia. La congestión la empeora.
Fuentes de latencia
- Retardo de propagación: tiempo que tarda la señal en viajar.
- Retraso en la transmisión: tiempo necesario para enviar los datos a través del enlace.
- Retraso de procesamiento: tiempo que tardan los enrutadores en reenviar los paquetes.
- Retraso en la cola: tiempo de espera en los búferes
Las redes de distribución de contenido reducen la latencia al almacenar en caché los datos más cerca de los usuarios. La computación perimetral traslada el procesamiento al borde de la red. Para los vehículos autónomos y la cirugía remota, cada milisegundo cuenta. La latencia no es solo una molestia; puede ser un problema de seguridad.
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