Un atleta bebe cantidades medidas de líquido antes, durante y después del entrenamiento para reponer las pérdidas por sudoración. Esta práctica se llama hidratación. Mantener un equilibrio hídrico favorece el rendimiento y reduce el riesgo de sufrir golpes de calor.
La deshidratación afecta la resistencia, la fuerza y la función cognitiva. La tasa de sudoración varía según la intensidad, el clima y la fisiología individual, por lo que las reglas fijas dan paso al autocontrol. Los cambios en la masa corporal a lo largo de las sesiones ofrecen una estimación práctica de la pérdida de líquidos. La reposición de electrolitos cobra importancia cuando la sudoración es abundante y prolongada.
Las bebidas deportivas pueden ser útiles cuando las sesiones duran más de una hora o cuando la alta intensidad produce una gran pérdida de sales. El consumo excesivo de líquidos conlleva sus propios riesgos. Los hábitos prácticos —comenzar las sesiones bien hidratado, beber cuando se tiene sed y rehidratarse después— cubren la mayoría de las necesidades. Los entrenadores que programan pausas para hidratarse y facilitan el acceso a bebidas protegen tanto el rendimiento como la salud.
- Mantener niveles adecuados de líquidos corporales
- Permite la regulación del rendimiento y la temperatura.
- Guiados por la pérdida de sudor y las necesidades individuales.
- Incluye ingesta antes, durante y después del ejercicio
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