La depresión mayor se caracteriza por un estado de ánimo bajo persistente, pérdida de interés y la sensación de que el esfuerzo cotidiano es inútil. El sueño, el apetito, la concentración y la autoestima también suelen verse afectados.
La depresión puede surgir tras una pérdida o estrés crónico, pero también puede aparecer sin una causa externa aparente. Factores biológicos —genética, sistemas de neurotransmisores, inflamación— interactúan con estilos cognitivos como la rumiación y la autoevaluación negativa. Los episodios varían de leves a graves y pueden ser recurrentes.
Los tratamientos basados en la evidencia incluyen medicamentos antidepresivos, terapia cognitivo-conductual, terapia interpersonal y, para casos graves, técnicas de neuromodulación. La activación conductual —retomar actividades gratificantes— suele ser útil incluso cuando la motivación es baja. El apoyo social y la reducción de los factores estresantes mejoran el pronóstico. La depresión es tratable; sin tratamiento, aumenta el riesgo de sufrir nuevos episodios y problemas de salud física.
La enfermedad convence a la persona de que la recuperación es imposible, lo cual es en sí mismo un síntoma que debe abordarse con tratamiento.
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