La aparición de una erupción cutánea tres días después de comenzar un nuevo antibiótico constituye una reacción adversa, una respuesta perjudicial a un medicamento tomado en la dosis normal con un fin legítimo. Esta definición es importante porque distingue un efecto real del fármaco de una sobredosis accidental, un error de prescripción o una enfermedad concurrente.
Las reacciones adversas se presentan de diversas formas. Algunas son predecibles y dependen de la dosis, como la somnolencia que sigue a un sedante. Otras son impredecibles y de origen inmunitario, como la anafilaxia a la penicilina. Otras son idiosincrásicas, es decir, ocurren en un pequeño número de pacientes por razones que aún no se comprenden del todo. La Organización Mundial de la Salud las clasifica en seis tipos, de la A a la F, un sistema que los médicos utilizan para determinar la causa y la prevención.
Las categorías comunes incluyen:
- Tipo A: aumentado, dependiente de la dosis, predecible a partir de la acción conocida del fármaco
- Tipo B: extraño, impredecible, a menudo relacionado con el sistema inmunitario
- Tipo C: crónico, relacionado con el uso a largo plazo
- Tipo D: retrasado, apareciendo años después de la exposición
Informar sobre una reacción sospechosa a una autoridad nacional ayuda a los reguladores a detectar tendencias. La mayoría de las reacciones se resuelven al suspender el medicamento, aunque algunas dejan secuelas permanentes.
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