Cuando los resultados no cumplen las expectativas, alguien debe rendir cuentas. La responsabilidad implica la obligación de explicar y aceptar las consecuencias de las decisiones y acciones, independientemente de si los resultados son positivos o negativos.
En las organizaciones, la responsabilidad es mutua: los gerentes exigen al personal que cumpla con el trabajo asignado, y los líderes rinden cuentas ante la junta directiva, los accionistas o el público. Objetivos claros, resultados medibles e informes transparentes hacen que la rendición de cuentas sea real, no meramente retórica. Sin ella, la responsabilidad se disuelve en una vaga propiedad colectiva.
Una sólida cultura de rendición de cuentas vincula la autoridad con las consecuencias. Quienes controlan los recursos y toman decisiones también afrontan las consecuencias de dichas decisiones. Esta práctica genera confianza cuando se aplica de forma coherente y la erosiona cuando los altos cargos eluden el escrutinio al que no están sujetos los rangos inferiores.
- Obligación de responder por los resultados
- Vincula la autoridad con las consecuencias
- Requiere objetivos claros y medición.
- Se aplica a todos los niveles de una organización.
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