Un faro alerta a todos los barcos en alta mar. Su construcción y mantenimiento son costosos, pero una vez encendido, ningún capitán puede quedar fuera de su alcance. Algunos armadores podrían negarse a pagarlo, esperando que otros cubran el costo. Esos son los aprovechados, personas que se benefician de un bien sin contribuir a su producción.
El aprovechamiento gratuito es un problema para los bienes públicos, que son no excluibles y no rivales. La defensa nacional, el aire limpio, la radio pública y la investigación básica son ejemplos de ello. Si todos esperan a que alguien más pague, el bien se proporciona de forma insuficiente o directamente no se proporciona. Por eso los gobiernos intervienen, financiando estos bienes mediante impuestos en lugar de contribuciones voluntarias.
El aprovechamiento indebido no siempre tiene que ver con el dinero. En un proyecto de equipo, un miembro puede holgazanear mientras los demás trabajan. En las negociaciones internacionales sobre el clima, los países pueden dudar en reducir las emisiones si creen que otros lo harán por ellos. La lógica es la misma: el incentivo privado difiere del interés colectivo. Para resolverlo se necesitan instituciones que armonicen ambos, ya sea mediante impuestos, regulaciones o normas sociales.
Ejemplos clásicos
- Defensa nacional
- radiodifusión pública
- Aire y agua limpios
- Investigación científica básica
- acuerdos internacionales sobre el clima
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