El clima de la Tierra ha cambiado muchas veces a lo largo de su historia. Lo que distingue el episodio actual es su velocidad y su causa. Desde la Revolución Industrial, la quema de carbón, petróleo y gas ha liberado miles de millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Otros gases de efecto invernadero, como el metano y el óxido nitroso, contribuyen a este efecto. Estos gases atrapan el calor que, de otro modo, escaparía al espacio. La temperatura media global ha aumentado aproximadamente 1,1 grados Celsius desde finales del siglo XIX, y el ritmo se está acelerando.
Las consecuencias ya son visibles. Las olas de calor son más frecuentes e intensas. Las lluvias torrenciales y las inundaciones han aumentado en muchas regiones. Las sequías se prolongan. Los casquetes polares están perdiendo masa y el nivel del mar está subiendo. Los arrecifes de coral se están blanqueando en aguas más cálidas. Las especies están desplazando su distribución hacia los polos y las zonas montañosas. Los científicos prevén que, sin una reducción drástica de las emisiones, el calentamiento podría alcanzar entre 2 y 4 grados Celsius para el año 2100, con graves repercusiones en los sistemas alimentarios, las zonas costeras y la salud humana.
Principales impulsores
- Combustión de combustibles fósiles para la producción de energía y el transporte.
- Deforestación y cambio de uso del suelo.
- Agricultura, especialmente ganadería y fertilizantes.
- Procesos industriales como la producción de cemento.
El cambio climático no es un problema del futuro, sino del presente. La cuestión no es si debemos responder, sino con qué rapidez y a qué escala.
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