Un documental presenta hechos, personas o problemas reales. Es no ficción, pero no es objetivo. El cineasta elige qué mostrar, qué omitir y cómo presentarlo. Todo documental tiene un punto de vista, incluso si se declara neutral. Su forma es tan construida como la ficción, pero se basa en material real. Esa tensión es lo que hace que los documentales sean poderosos y controvertidos.
Los documentales se presentan en diversos estilos. Los documentales observacionales, como las películas de Frederick Wiseman, se caracterizan por la observación sin narración ni entrevistas. Los documentales expositivos, como los documentales sobre la naturaleza, utilizan la narración para explicar. Los documentales participativos, como las películas de Michael Moore, integran al cineasta en la historia. Los documentales reflexivos examinan el proceso de realización cinematográfica en sí. Los documentales performativos recurren a la experiencia y la emoción personales. Cada estilo tiene sus propias convenciones y sus propias pretensiones de veracidad.
Los documentales pueden informar, persuadir, entretener y provocar. Pueden denunciar injusticias, celebrar logros y explorar la condición humana. Pueden filmarse a lo largo de años, como Hoop Dreams, o en un solo día. Pueden realizarse con un teléfono inteligente o con un equipo completo. El formato es flexible y está en constante evolución. Los mejores documentales no solo registran la realidad, sino que la interpretan.
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