Un exportador vietnamita envía muebles a un comprador en Francia. Ninguna de las partes confía plenamente en la otra. El comprador no quiere pagar antes de recibir la mercancía, y el vendedor no quiere enviarla antes de recibir el pago. Una carta de crédito resuelve el problema. El banco del comprador se compromete a pagar al vendedor una vez que este presente la documentación que demuestre que la mercancía se envió según lo acordado.
El procedimiento es preciso. Comprador y vendedor acuerdan las condiciones. El banco del comprador emite la carta de crédito, que especifica la documentación requerida: conocimiento de embarque, factura, lista de empaque y certificado de seguro. El vendedor envía la mercancía y presenta la documentación a su banco, que la remite al banco del comprador. Si la documentación cumple con todos los requisitos, el banco realiza el pago. De lo contrario, puede rechazarlo. Los bancos operan con documentos, no con mercancías.
Las cartas de crédito son comunes en el comercio internacional porque reducen el riesgo para ambas partes. También se utilizan en transacciones nacionales y proyectos de construcción. El costo es una comisión, generalmente un porcentaje del monto del crédito. El proceso es lento y requiere mucha documentación, por lo que algunas empresas han optado por las cuentas abiertas respaldadas por seguros de crédito.
El principio fundamental es el cumplimiento estricto. Un nombre mal escrito o la falta de firma pueden invalidar la carta. Esta rigidez protege al banco, pero puede resultar frustrante para los operadores.
Comments
No comments yet. Be the first to share a thought.
Leave a comment