El procesamiento descendente consiste en el uso de conocimientos, expectativas y contexto preexistentes para interpretar la información sensorial. La percepción se guía tanto por lo que la mente ya sabe como por los datos que llegan a través de los sentidos.
La lectura de textos manuscritos es posible gracias a que las expectativas sobre palabras y oraciones limitan la interpretación de formas ambiguas. Escuchar el habla en entornos ruidosos se basa en el conocimiento lingüístico para completar los sonidos que faltan. Los efectos de la predisposición perceptiva y el contexto son ejemplos cotidianos de la influencia descendente. El proceso es rápido y generalmente automático; solo cuando se incumplen las expectativas se hace evidente la contribución del procesamiento descendente.
El procesamiento descendente y ascendente operan conjuntamente. Una percepción basada exclusivamente en datos sería lenta y propensa a errores; una percepción basada únicamente en el conocimiento estaría desvinculada del mundo. El equilibrio entre ambos varía según la claridad de la información sensorial y la fuerza de las expectativas previas. La experiencia aumenta la eficiencia de la guía descendente dentro de un dominio.
Lo que uno espera ver u oír determina lo que realmente ve u oye.
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