La corteza cerebral es la capa externa, delgada y plegada, del cerebro. Es la sede de las funciones superiores que caracterizan la cognición humana: percepción, movimiento voluntario, lenguaje, razonamiento y planificación.
En los humanos, la corteza cerebral presenta una gran cantidad de circunvoluciones, lo que aumenta considerablemente su superficie dentro del cráneo. Se divide en cuatro lóbulos a cada lado: frontal, parietal, temporal y occipital. Las áreas sensoriales y motoras primarias ocupan regiones específicas; el resto, mucho más extenso, corresponde a la corteza de asociación, que integra información y sustenta la actividad mental compleja. Ambos hemisferios están especializados hasta cierto punto —el lenguaje suele estar lateralizado en el hemisferio izquierdo—, pero se mantienen en constante comunicación a través del cuerpo calloso.
El grosor cortical y la integridad de sus conexiones cambian a lo largo de la vida y se ven afectados por la experiencia, las enfermedades y las lesiones. Las técnicas de neuroimagen han permitido observar la corteza cerebral en funcionamiento durante tareas específicas, revelando redes distribuidas en lugar de centros aislados para la mayoría de las funciones psicológicas.
Cuando hablamos de las capacidades más flexibles y distintivamente humanas de la mente, nos referimos principalmente a la corteza cerebral.
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