Un coche autónomo detecta su entorno y conduce sin intervención humana. Utiliza cámaras, radar, lidar y sensores ultrasónicos para crear una imagen del mundo que lo rodea. El software planifica la ruta, toma decisiones y controla la dirección, la aceleración y el frenado. El objetivo es un vehículo que nunca se canse, se distraiga ni se emborrache.
La autonomía no es binaria. La SAE define seis niveles. El nivel 0 no implica automatización. Los niveles 1 y 2 asisten al conductor. El nivel 3 permite que el coche se conduzca solo en condiciones limitadas, con un conductor humano listo para tomar el control. El nivel 4 gestiona la mayor parte de la conducción sin intervención humana, pero puede estar restringido geográficamente. El nivel 5 es totalmente autónomo en todas partes, y aún no existe.
Waymo opera robotaxis de nivel 4 en Phoenix, San Francisco y Los Ángeles. Cruise ofrecía un servicio similar en San Francisco antes de que incidentes de seguridad obligaran a suspenderlo. Tesla vende un sistema de nivel 2 llamado Conducción Autónoma Total, que en realidad no es completamente autónomo. La brecha entre el marketing y la realidad ha generado confusión y, en algunos casos, accidentes.
Los desafíos técnicos son enormes. La nieve, la lluvia y las obras dificultan el funcionamiento de los sensores. Los peatones se comportan de forma impredecible. Los casos excepcionales son innumerables. Las cuestiones legales y éticas son igualmente complejas. Cuando un accidente es inevitable, ¿quién decide qué sucede? La respuesta aún se está escribiendo.
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