Las Sagradas Escrituras son textos que una comunidad considera sagrados y con autoridad. Su contenido varía según la tradición, pero su función es similar: estos textos no son meramente informativos; son el lugar donde se espera escuchar la voz divina.
Para los judíos, el núcleo es el Tanaj: la Torá, los Profetas y los Escritos. Para los cristianos, los mismos libros, ordenados de manera diferente, conforman el Antiguo Testamento, unido al Nuevo Testamento de evangelios, cartas y el Apocalipsis. Los musulmanes veneran el Corán como la revelación final e incorrupta. Otras tradiciones tienen sus propios cánones: los Vedas, el Tripitaka y el Guru Granth Sahib. En cada caso, el proceso de reconocimiento fue gradual; las comunidades discernieron con el tiempo qué escritos tenían una importancia particular.
El funcionamiento de las Escrituras es objeto de debate. Algunas tradiciones enfatizan su infalibilidad en cuestiones de fe y práctica; otras destacan su papel como testimonio vivo que debe interpretarse dentro de la comunidad. La traducción siempre ha sido necesaria y, a la vez, controvertida, pues el poder del texto está ligado al idioma en que se recibe. La lectura pública, el estudio privado y el uso litúrgico mantienen vivas las palabras a través de las generaciones.
Cuando se denomina a un texto como escritura sagrada, se afirma que hace algo más que registrar el pasado. Continúa abordando el presente.
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