Un amigo describe una pérdida dolorosa y quien lo escucha siente un dolor similar, aunque sabe que ese dolor también pertenece al otro. La empatía es la capacidad de comprender y, en mayor o menor medida, compartir el estado emocional de otra persona.
La empatía cognitiva implica ponerse en el lugar del otro, infiriendo con precisión lo que alguien piensa y siente. La empatía afectiva implica conectar con el sentimiento en sí. Ambas pueden estar presentes en diferentes proporciones. La empatía motiva el comportamiento prosocial, pero también puede generar malestar personal o una preocupación sesgada por quienes son similares a uno mismo.
La neurociencia señala la existencia de redes neuronales superpuestas para experimentar las propias emociones y representar las de los demás. La empatía se fortalece mediante la práctica deliberada de la atención y la toma de perspectiva, y se ve debilitada por el agotamiento o los entornos deshumanizantes. En el ámbito clínico y asistencial, una empatía equilibrada favorece la conexión sin provocar un colapso emocional.
- Comprender y compartir los sentimientos de otra persona
- Incluye componentes cognitivos y afectivos
- Promueve la ayuda, pero puede producir angustia.
- Modificable mediante formación y contexto.
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