La represión es el mecanismo de defensa básico, propuesto por Freud, que destierra de la conciencia los pensamientos, sentimientos y recuerdos que provocan ansiedad. El material no se borra; simplemente se mantiene fuera de la conciencia y puede influir en el comportamiento de forma indirecta.
En la teoría psicoanalítica clásica, la represión es motivada y automática. Los deseos inaceptables o los recuerdos traumáticos se reprimen en el inconsciente, donde permanecen activos y pueden reaparecer disfrazados de síntomas, sueños o lapsos. El respaldo empírico a la represión como un proceso especial y motivado sigue siendo controvertido. Muchos investigadores prefieren hablar de olvido, evitación o fallos en la recuperación de la información, en lugar de un mecanismo represivo específico.
Estudios de laboratorio sobre el olvido dirigido y la memoria emocional demuestran que las personas pueden reducir, de forma intencionada o automática, la accesibilidad a información no deseada. Las observaciones clínicas siguen documentando casos en los que recuerdos angustiantes permanecen inaccesibles durante largos periodos y posteriormente reaparecen. Este concepto sigue siendo relevante en psicoterapia, aunque sus mecanismos precisos aún se debaten.
Cuando el material que genera ansiedad se mantiene fuera de la conciencia, el proceso se denomina tradicionalmente represión.
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