La lealtad a la nación y la convicción de que los intereses nacionales deben primar configuran el nacionalismo como fuerza política. Puede impulsar movimientos de liberación contra el imperialismo y, al mismo tiempo, promover políticas excluyentes o expansionistas.
El nacionalismo moviliza a la población en torno a un idioma, cultura, historia o etnia compartida. Las versiones cívicas enfatizan los valores e instituciones políticas comunes; las versiones étnicas destacan la ascendencia y la homogeneidad cultural. Ambas han impulsado la construcción de estados y ambas han justificado la discriminación o la violencia contra quienes son considerados forasteros.
En la política contemporánea, el nacionalismo se manifiesta en los debates sobre inmigración, comercio, soberanía e instituciones internacionales. Sus defensores argumentan que protege la autodeterminación y la continuidad cultural. Sus críticos advierten que puede derivar en xenofobia y socavar la cooperación en problemas comunes. La intensidad del sentimiento nacionalista fluctúa según la incertidumbre económica, los cambios demográficos y las directrices de las élites.
- Prioriza la identidad y los intereses nacionales.
- Puede tener un énfasis cívico o étnico.
- Impulsa tanto la liberación como la exclusión.
- Influye en los debates sobre inmigración, comercio y política exterior.
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