El ingrediente activo es el protagonista. Los excipientes son los que cumplen su función. Un excipiente es cualquier componente de un medicamento que no sea el ingrediente activo. Puede ser un agente de relleno para aumentar el volumen, un aglutinante para mantener unida la tableta, un desintegrante para facilitar su disolución en el estómago, un recubrimiento para enmascarar el sabor o un conservante para prolongar su vida útil. Se supone que los excipientes son inertes, pero no siempre lo son.
La lactosa, un excipiente común, puede provocar síntomas digestivos en personas con intolerancia a la lactosa. Algunos colorantes desencadenan reacciones alérgicas. Los conservantes como el timerosal en las vacunas han generado preocupación pública, aunque la evidencia no respalda que sean perjudiciales en las dosis utilizadas. Los excipientes también pueden afectar la absorción de un medicamento. Un cambio de excipiente entre fabricantes puede alterar la velocidad de disolución y modificar el efecto del fármaco, razón por la cual los medicamentos genéricos deben demostrar bioequivalencia.
Funciones comunes de los excipientes:
- Rellenos. Añaden volumen a los medicamentos de dosis pequeñas.
- Aglutinantes. Mantienen los polvos unidos en una tableta.
- Desintegrantes. Ayudan a que las tabletas se deshagan en el intestino.
- Lubricantes. Evitan que se peguen durante la fabricación.
- Recubrimientos. Enmascaran el sabor, controlan la liberación o protegen de la humedad.
Si tienes alergias o intolerancias, conviene leer la lista de excipientes de la etiqueta. La mayoría de la gente no suele tener que pensar en ello.
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