Una vez que un organismo ha aprendido a responder a un estímulo condicionado, aún debe aprender cuándo no responder. La discriminación es ese refinamiento. El perro saliva ante un tono de cierta frecuencia, pero no ante uno ligeramente más agudo o más grave. La diferencia se entrena reforzando un estímulo y negando el refuerzo del otro.
En el condicionamiento operante, se aplica el mismo principio. Una paloma picotea una tecla iluminada en verde para obtener comida e ignora la tecla roja. Este proceso agudiza la percepción y conserva energía. Sin discriminación, cualquier estímulo similar desencadenaría la misma respuesta, lo que produciría un comportamiento ineficiente o peligroso.
La generalización de estímulos es la tendencia opuesta: responder a estímulos similares al original. El entrenamiento de discriminación impulsa al organismo a establecer límites más precisos. Cuanto mayor sea la pendiente de generalización, mayor será la precisión en la discriminación.
- Capacidad aprendida para distinguir estímulos similares.
- Se logra mediante refuerzo diferencial
- Lo opuesto a la generalización del estímulo.
- Medido por la pendiente del gradiente de generalización
En la vida cotidiana, esta habilidad se manifiesta cuando un niño aprende que solo puede acudir a ciertos adultos en busca de ayuda, o cuando un conductor se detiene ante un semáforo en rojo, pero no ante letreros de tiendas del mismo color.
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