El 1% más rico de los estadounidenses posee más riqueza que el 90% más pobre en conjunto. Esta estadística, proporcionada por la Reserva Federal, refleja la desigualdad de ingresos: la distribución desigual de la renta entre la población. Se mide con herramientas como el coeficiente de Gini, que varía de 0 (todos ganan lo mismo) a 1 (una persona lo gana todo).
La desigualdad ha aumentado en la mayoría de los países desarrollados desde la década de 1980. La globalización, el cambio tecnológico y la disminución de la afiliación sindical son explicaciones comunes. También lo son la política fiscal y la gobernanza corporativa. El debate no gira en torno a si existe desigualdad, sino a si constituye un problema y qué medidas tomar al respecto. Algunos argumentan que la desigualdad refleja diferencias en habilidades y esfuerzo, y que gravarla fuertemente desalienta el crecimiento. Otros sostienen que la desigualdad extrema socava la democracia, la salud y la movilidad social.
La evidencia es contradictoria. Cierta desigualdad parece necesaria para recompensar la innovación y el trabajo duro. Un exceso puede ser perjudicial. Los países con menor desigualdad tienden a tener mayor movilidad social, lo que significa que los niños pobres tienen más probabilidades de convertirse en adultos ricos. Lo contrario también es cierto. En sociedades muy desiguales, las ventajas se concentran y se dificulta el ascenso social.
Medidas comunes
- coeficiente de Gini
- Participación en los ingresos del 1% superior
- Índice de Palma (10 por ciento superior frente al 40 por ciento inferior)
- elasticidad de los ingresos intergeneracionales
- Tasas de pobreza
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