El diseño de interacción define cómo los usuarios interactúan con los productos digitales. Abarca el flujo entre pantallas, la respuesta que ofrece un botón al pulsarlo, la animación que confirma una acción y el mensaje de error que explica el problema. Este campo surgió en la década de 1980 con la popularización de los ordenadores personales, cuando los diseñadores se percataron de que el software debía ser usable, no solo funcional. Bill Moggridge y Bill Verplank acuñaron el término a mediados de los años 80.
Los diseñadores de interacción piensan en estados, transiciones y retroalimentación. ¿Qué sucede cuando un usuario pasa el cursor sobre un enlace? ¿Qué sucede cuando envía un formulario? ¿Qué sucede si se pierde la conexión? Un buen diseño de interacción hace que estos momentos se sientan naturales. Un mal diseño de interacción genera incertidumbre en los usuarios. Un botón que no cambia de apariencia al hacer clic da la sensación de estar roto. Un indicador de carga que nunca se resuelve crea ansiedad. Los diseñadores crean prototipos de estas interacciones desde el principio, a menudo con herramientas sencillas, para probar cómo se sienten antes de escribir el código.
Preocupaciones fundamentales
- Comentarios: confirmación de que se ha registrado una acción.
- Estados: predeterminado, al pasar el ratón por encima, activo, deshabilitado, error.
- Transiciones: cómo cambian las pantallas y los elementos.
- Microinteracciones: pequeños momentos que guían y deleitan.
El diseño de interacción no se trata solo de hacer que las cosas se vean bonitas. Se trata de hacerlas predecibles, receptivas y fáciles de entender.
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