Varios competidores o equipos se organizan en una serie de partidos que eliminan progresivamente a los participantes hasta que queda un único campeón. Esta estructura constituye un torneo. De entre un gran número de participantes, se determina un claro ganador en un período limitado.
Los formatos incluyen eliminación simple, doble eliminación, fase de grupos seguida de eliminatorias directas y liguilla. El sistema de cabezas de serie busca evitar que los participantes más fuertes se enfrenten hasta rondas posteriores. La programación, la sede y el tiempo de recuperación entre partidos influyen en la imparcialidad y la calidad del juego.
Los torneos generan tensión narrativa gracias a la naturaleza de muerte súbita de las rondas eliminatorias. Las sorpresas siempre son posibles, lo cual forma parte de su atractivo. Ganar un torneo importante a menudo define una temporada o una carrera más que la mera regularidad.
El partido final de un torneo tiene la misma importancia que todos los resultados anteriores.
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